martes, 8 de enero de 2013

Una duna que no olvidaré

Empecé un poco dormida, demasiado tranquila. Me quedé enganchada en una duna. Más que el tiempo que perdí allí, sucedió que me atrapó mucha gente y luego, con todo el polvo que levantaban, era más difícil seguir. Cuando el terreno se volvió más abierto, me fue más fácil pasarlos y acabé muy bien. Fue perfecto.

La bajada era espectacular. Impresionaba muchísimo. Era una duna larguísima y muy empinada. La moto se embalaba y había que ir frenando todo el tiempo. Veías el final lejísimos, parecía que no iba a acabar nunca. He bajado tan lenta que parecía un caracol. Daba miedo. Nunca había visto una duna igual. Incluso al llegar abajo, me di la vuelta un segundo y miré hacia arriba para recordarla mejor.

Lo peor del día ha sido el enlace. Ha sido mortífero. Estoy más cansada de hacer el enlace que la especial. Era muy aburrido, por unas carreteras estrechas y con mucho tráfico. Tenía que estar pendiente en todo momento del radar para no pasarme de velocidad y que no me sancionaran. He ido en tensión los 429 kilómetros. Un rollo, pero es lo que tocaba para poder llegar al campamento.
 
 

lunes, 7 de enero de 2013

Un loco volvió a nacer

He acabado en una buena posición… y eso que no he corrido nada. Bueno, algo sí he corrido, pero he ido a un ritmo muy seguro. Supongo que la navegación la he pasado bien no he perdido mucho tiempo con eso. Creo que si voy cada día así, seguro que voy a ir avanzando posiciones. 

La etapa era muy chula. El terreno era un poco peor que el día anterior. Había más ‘fesh fesh’, las dunas estaban un poco blandas, pero ha estado muy bien. Ojalá fuesen así todos los días. De momento todo va perfecto. La moto va muy bien, yo estoy bien físicamente y el equipo está muy bien. Sólo podemos pedir que todo continúe así.

La anécdota del día ha sido cuando me he encontrado un loco. Creo que ha intentado saltar una duna que tenía al menos 10 metros. Estaba marcado como un peligro 3 en el ‘road book’ –el máximo- y supongo que no ha frenado. Al principio, cuando le vi, pensé que se le había averiado la moto y estaba reparándola. Pero observé que tenía el manillar roto. Eso es que este hombre ha vuelto a nacer. Su vuelo deber haber sido increíble. 

Por suerte, él estaba bien. Le hice un gesto con el pulgar preguntándole y me dijo que no necesitaba ayuda, que todo estaba bien, con lo que continué mi camino. ¡Hay que ver lo loca que está la gente!


domingo, 6 de enero de 2013

Que todos los días sean así

Todo ha ido mejor. Y eso que he empezado la etapa muy mal. Me pasaba todo el mundo yendo a fondo y yo pensaba: ‘como vaya así, voy a acabar la 150’. Creo que la gente no mide bien. Comienzan muy fuerte y luego los vas pasando. En cambio, yo he ido a mi ritmo. 

Ojalá hiciese todas las etapas así. He ido al ritmo bueno para acabar en una buena posición. Los primeros días es todo más difícil porque hay mucha gente, con lo que hay más polvo y es más difícil pasar. Yo me he sentido muy cómoda. Hasta he ido sola mucho rato. No me he liado con la navegación y no me he perdido.

Había sitios con dunas muy rápidos y de golpe se cortaba rápido. Eran bajadas muy empinadas. Eso te daba algún susto porque frenabas y decías: ‘ay, ay’. Ha habido un par de sustitos, pero fáciles de controlar. Lo dicho, que siga todo así.




sábado, 5 de enero de 2013

Arranco cansada

Es curioso. Apenas hemos empezado y ya estoy cansada. He ido contrarreloj todos los días desde que me bajé del avión en Lima. No he parado de hacer cosas: deshacer las maletas, ponerlo todo en su sitio, pasar las verificaciones.

Estos tres primeros días son muy duros. Hasta que no le coges el hilo a dormir, coger los horarios, etc. No te encuentras a gusto. Yo ya he arrancado la etapa cansada. Eso sí, tenía ganas de empezar para desoxidarme, para despertarme. De hecho, para eso ha servido el día de hoy. Se trataba más de dar espectáculo que de otra cosa.

Había que tomárselo con tranquilidad.  Los pilotos de motocross, que van bien con la arena sí han ido fuerte. Algunos como Pizzolito daban unos saltos tremendos. Pero, la carrera es muy larga. Va a haber piedra, caminos y de todo. No hay que desesperarse.

Las noches las volveré a pasar en un camión. Se acabaron los hoteles por unos días. Los dos años anteriores ya dormí ahí y fue bien. Sólo falta acostumbrarse.




viernes, 4 de enero de 2013

Queremos llegar, pero queremos más

Han pasado doce meses y se me ha hecho cortísimo. Parecía ayer cuando regresábamos del último Dakar. Al cabo de un par de días de haber descansado ya estábamos otra vez pensando en lo que había que hacer para volver y qué se debía mejorar… Da igual el tiempo que tengas para prepararte, todo pasa tan deprisa que ni te das cuenta y otra vez estás empacando para marcharte 20 días a esta locura del Dakar.

Para mí, el año ha sido extraordinario en cuanto a resultados, he logrado mi 12º mundial de trial y el primero de enduro, aunque también ha sido extraordinariamente duro, y en el camino casi pierdo un dedo del pie. Afortunadamente, me he recuperado y creo que no tendré problemas para afrontar los 15 días de carrera que tenemos por delante, aunque por un motivo u otro este año llego más justa de preparación y con una moto nueva que no he podido probar tanto como me hubiera gustado.

Los deportistas siempre queremos más: más entrenamientos, mejor material, mejores resultados. No es una cuestión de avaricia ni de egocentrismo… Somos competitivos por naturaleza y buscamos lo máximo hasta jugando a la Play Station. Disfrutamos con ello. Y yo pienso disfrutar en este Dakar buscando una plaza entre los 30 primeros de la general. Sé que no será fácil, que habrá que superar el terrible calor de Argentina, las dunas de Perú, el frío de Los Andes y los desiertos inhóspitos de Chile, y sé que, en el fondo, aquí el éxito se mide ya con sólo llegar. Ése es siempre el primer objetivo, pero como ya os he dicho, siempre queremos más.



domingo, 8 de enero de 2012

Una locura llamada Dakar

En momentos de tranquilidad como el de hoy, disfrutando de la jornada de descanso, me siento a pensar un poco lo que he hecho. Llego al ecuador de la carrera en 51ª posición, tres puestos más atrás que el año pasado. No importa. Lo del depósito ha pasado factura y ha condicionado mucho, pero así es el Dakar y hay que aceptarlo. Lo que percibo es que, a diferencia del año pasado, siento que tengo mucho más control sobre el ritmo que debo llevar y cómo tengo que hacer las cosas.

El Dakar de 2011 fue mi primera vez, la novedad, el momento en el que vi cumplido mi sueño de infancia. Ahora la vivencia tiene otros matices. Ya no soy la novata, aunque aun no me considero una experta en los raids. El trial sigue siendo la parte más importante de mi profesión y todavía tengo mucho que aprender y por mejorar.

Mi objetivo sigue siendo terminar, que por sí solo ya es un reto en una carrera tan dura y compleja como el Dakar. Los primeros días no han hecho más que corroborar esa idea que a veces se percibe como un tópico. El Dakar no es un juego. Cada día nuestra integridad física se pone a prueba, no sólo por si somos capaces de resistir los 45ºC bajo el sol, o los largos kilometrajes que tenemos que superar llenos de obstáculos; la vida está en juego, aunque no seamos conscientes de ello. Los que montamos en moto no solemos hablar mucho del tema, pero cuando me preguntan qué es lo que más temo la respuesta es siempre la misma: una mala caída. Sé que muchos no lo entenderán, pero la moto es mi vida, mi profesión y mi pasión.

No sé aun cómo acabará esta historia, no sé si yo la acabaré. En 2011 llegué a la etapa de descanso sacando pecho y diciendo “pues creía que esto del Dakar iba a ser más duro”. No sabía lo canutas que las pasaría tres o cuatro días después. Como entonces, no sé que sucederá la próxima semana, pero este año he sufrido más, y eso que me siento más fuerte que nunca. Sólo sé que el Dakar sigue siendo una auténtica locura. Y debo estar loca, porque me gusta.



sábado, 7 de enero de 2012

La mano del gas

Otra vez me tenéis aquí, enganchada al Dakar. Desde que empezó esta aventura llamada Dakar, la verdad es que he vivido situaciones muy diversas: he tragado polvo, he sido testigo de accidentes sobrecogedores, he pasado un calor terrible, he visto como me penalizaban con 40 minutos por no pasar por dos way points el día que había igualado mi mejor clasificación del año pasado (un 35º puesto) e, incluso, he sufrido una caída tonta que por poco me deja fuera de carrera.

Ese día agujereé el depósito delantero de mi Gas Gas al impactar la moto sobre unas piedras, perdí todo el combustible y si no llega a ser por Marc Guasch, mi mochilero, que me prestó algo de gasolina, no hubiera alcanzado el campamento. Lo primero por lo que temí fue por esos desperfectos en la moto, pero cuando conseguí llegar al bivouac y me quité el guante, me di cuenta de que tenía la mano hecha polvo. Temí que estuviera rota, así que fui a ver a los médicos de la organización, que tras hacerme unas pruebas constataron que no tenía ninguna lesión grave, así que podía seguir en carrera, con molestias, pero al menos seguía en la pomada.

Ahora, afortunadamente, y tras recibir las sesiones mágicas de fisioterapia de Miguel Angel Domínguez, el fisio que me acompaña este año, parece que todo haya vuelto a la normalidad.